PETER CAMERON: "Algún día este dolor te será útil"





No cometeré el error de empezar equiparando esta novela a “El guardián del centeno” de Salinger, que bien se ha ganado ser el referente casi inevitable para comentar cualquier novela (y no solo americana) que aborde los traumas del tránsito de la adolescencia a la vida adulta: esta es igual o de buena, o mejor. James Sveck, es un chaval que acaba de terminar el instituto, tímido, incapaz no sólo del contacto sino de reconocerse su propia sexualidad,  casi sociápata pero, como tantas personas de su perfil, llenos de ansia de comunicación frustrada. A punto de empezar la “nueva vida” de la universidad, ha proyectado en un aspiración al ascetismo (retirarse a una zona rural de Estados Unidos para vivir solo y tener un trabajo modesto que le permita leer el mayor número de horas posible) su extrañamiento ante la amenaza del mundo institucionalizado (del que ya tiene una traumática experiencia en su participación en “El aula norteamericana”, uno de esos empalagosos certámenes para estudiantes brillantes para adocenar sus mentes y dejarlos listos para el matadero del sistema, del que no podrá sino huir literalmente hasta tener que ser buscado por la policía) y, sobre todo,  de una falta de asideros en un entorno afectivo en que solo el afecto de su abuela se le aparece como el único acceso a la autenticidad. Y en realidad poco más hay que pueda servirle: ni la vida sentimental de unos adultos cuya agobiante soledad les lleva a cometer errores o fabular idealismos irrisorios (el absurdo matrimonio de su madre divorciada con un ludópata, el desespero de John, el negro homosexual con el que trabaja en el museo de su madre, por encontrar pareja, al que, en uno de esos actos que delatan la desorientación y el absurdo vital, acabará haciéndole daño tras fingir una identidad suplantada en internet en la que parece repuntar su propia ansiedad por encontrar su identidad afectiva), el esnobismo que representan la galería de arte en que su madre le obliga a trabajar, un auténtico catálogo de despropósitos de ese arte moderno que necesita explicaciones simbólicas para ocultar su mediocridad (las grandes “obras maestras” que albergas son cubos de basura y esos irritantes engendros del “arte pobre”) o su hermana Gilian, envanecida tras su relación con un profesor universitario casado (y progresivamente irritante y mezquina en su comportamiento) y un padre yuppi y satisfecho de su condición de triunfador, que se hace operaciones de cirugía estética y compra zapatos caros a la vez que intenta dárselas de comprensivo y padre moderno y disimular inútilmente su indiferencia, o los placebos tramados por esa sociedad para huir de su absurdo (las sesiones con la psicóloga Adler, llenas de momentos cercanos al “diálogo de besugos” (pero también de intuiciones de no premeditada hondura por parte de James, al reflexionar sobre su soledad o los límites del lenguaje para expresarse) y en las que el autor probablemente toque techo al abordar el tema de la memoria del 11S en los neoyorquinos, denunciando valientemente su conversión en tópico necesariamente traumático (es para la psicóloga, pregunta obligatoria y clave a tener en cuenta para explicar su desnortamiento) y su conversión en pretexto para un victimismo complaciente que, claro está, siempre puede utilizarse para justificar las faltas éticas de la vida social y política. El final es quizá un tanto descafeinado e impide que la novela sea completamente redonda (le ponemos “solo” un 9) pero aquí no os lo revelo... . En cuanto a cuestiones formales, una novela totalmente yanqui en cuanto de bueno (mucho) puede tener el concepto: quizá poco “arty” en el uso de la lengua, de nulo o escaso lirismo, pero lleno de espontaneidad, talento para la ironía y esa sensación de estar desde la primera línea ante algo verdadero de las mejores páginas de Carver, Wolff o el citado Salinger. Le guste al autor o no, de cabeza al “aula norteamericana”. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya me he vuelto a equivocar, bueno pues eso que tengo la intención de leer este libro.....ya contaré mi opinión

Rafael Escobar dijo...

No te arrepentirás Jose, es una novela muy entretenida y con mucho "fondo". Creo que la voy a proponer como próxima lectura para el club.

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